La pasión por el flamenco volvió a demostrar su capacidad de unir en una velada cargada de emoción y arte. Las peñas El Quejío y Lavapiés celebraron un encuentro de aficionados y aficionadas que quedará en la memoria colectiva como una noche especialmente bonita, marcada por la pasión por el flamenco.
Este hermanamiento, que comenzó a gestarse el pasado año con la presentación del libro “Candela” de Jacobo Rivero —quien además preside la recientemente inaugurada peña de Lavapiés—, sigue consolidándose paso a paso. La peña madrileña, que actualmente desarrolla sus actividades en el Teatro del Barrio mientras espera la adjudicación de un local definitivo, continúa tejiendo lazos con otras entidades flamencas.
La noche de ayer reunió a más de una decena de artistas sobre el escenario. El arranque no pudo ser más prometedor: una sentida malagueña interpretada por “El Lolo” de Bargas abrió el telón con hondura y elegancia. Desde la peña de Lavapiés llegaron también momentos destacados, como la actuación de “El Cuchillero” por soleá, cargada de profundidad, y los tangos interpretados por Teresa y Carmen, que aportaron frescura y compás.
El cierre fue, como manda la tradición, una auténtica celebración colectiva. Un fin de fiesta por bulerías encendió el ambiente, seguido de una sevillana cantada por Irene Toledo y bailada por los artistas de El Quejío, Marcos y Pepi, que pusieron el broche de oro con alegría y entrega.
Todo el recital fue acompañado por el guitarrista amigo de la peña Andrés Sánchez, que supo lo que cada artista necesitaba en cada momento.
En definitiva, una noche para el recuerdo, repleta de momentos inolvidables y que deja sembrado el compromiso de un próximo encuentro, esta vez en la peña de Madrid. El flamenco, una vez más, sirvió de puente entre culturas, territorios y corazones.







